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Tejer por tejer, una visión personal.

Este artículo tiene un tinte más personal porque considero importante poder hablarte de mi visión sobre el tejido, el mundo tejeril y compartirla contigo, tal vez te puede identificar.

Si bien mis primeros pasos fueron de niño con el crochet haciendo cadenetas interminables con hilos de cobre que habían en mi casa, te podría decir que mi incursión más real a este mundo con hilados y agujas fue hace algunos años atrás. Recuerdo que mi interés inicial o curiosidad primaria sobre esto respondía a poder hacer “la tela”, es decir, convertir una línea como es una fibra, en un plano, como es un tejido. Al conseguir los primeros puntos inmediatamente pude hacerme esa anhelada “bufanda calcetín” que aún conservo, esta es básicamente una extensión bastante pequeña y desprolija de un rectángulo delgado y corto a la vez en punto correteado o bobo, que anduve buscando por años en tiendas de tejido y que por razones obvias no encontré. Luego con el tiempo aprendí algo de colorwork o jaquard en ese entonces y hacía pequeños cuadrados con dibujos que inventaba o copiaba, seguí con una serie importante de mándalas a crochet decorativos para mi casa, le hice ropa a todos los vasos y maceteros que encontré, alguna que otra polaina a dos agujas, hasta que empecé a descubrir y leer patrones donde pude hacer un par de chales sencillos. Lo demás ya es historia conocida similar a cualquier tejedor o tejedora que se inserta mas profundamente en el mundo de Ravelry y el tejido contemporáneo.

Esta introducción, que no tiene nada fuera de lo común, la menciono porque en ese entonces mi visión del tejido era muy genuina, como el juego de un niño que no tiene otro fin que divertirse y que considero que es algo muy sencillo pero importante que no debemos olvidar jamás.

Para esos entonces, mis redes sociales se limitaban a mostrar algún rayado callejero que me parecía divertido, subir fotos de la familia y amigos o bien reclamar por algún producto que no había llegado en la fecha comprometida, el tejido no era relevante para ese espacio, porque era para mí, un momento único del día donde podía reflexionar sobre todo lo que estaba o había pasado y cuya expectativa sobre el resultado era nula ya que era de los pocos lugares donde la vara de medición sobre el resultado estaba puesta por mí.

Con la llegada de este tipo de tejido (llamémoslo mas contemporáneo) en este lado del mundo, debido a que ya tenía un gran avance por otras partes, vino una ola de proyectos e imágenes hermosas de cientos de miles de cosas que con mis propias manos podría hacer, fue una revelación total que me hizo pensar día y noche en proyectos, lanas, diseños, colores, etc. Es como dejar al gato en la carnicería, faltaban manos y tiempo para poder hacer todo eso, conocer otras personas que amaban lo mismo y tomar las agujas cuanto antes para tejerlo todo.

Sin embargo, aquella vara autoimpuesta comenzó a subir y con ello las expectativas del proyecto también, en mi casa ahora me decían: ¡Ya no tejes para relajarte!, ¡es todo lo contrario! y acto seguido lanzaba un shhhhhh…. Estoy contando puntos. Hacer y deshacer un millón de veces pasando a veces de largo toda la noche, ya que en el día existen otras obligaciones a las que responder. Entonces ya no era tan fácil como el mándala a crochet, los puntos no calzaban y el diseño en mis manos no era lo que yo esperaba del que veía en pantalla. Fue así como decidí empezar a teñir, creyendo ilusamente que en ese camino había menos posibilidad al error, cosa que evidentemente no fue así. Algo pasaba entonces que la bufanda calcetín que me hizo tan feliz en su minuto ya no era suficiente, todo de mal en peor, tal vez este mundo lanero no era lo mío y es ahí cuando decidí parar.

Es así como llegué nuevamente al kilómetro cero, lo que llamé mi propia “reevangelización tejeril”. Lo primero fue partir como si no supiera nada y en eso me di cuenta de que había aprendido a tejer de una manera que era poco amigable con mis manos. Comencé a tomar cursos online (pagados en la plataforma Craftsy) y empecé a entender la estructura del tejido, eso me permitió avanzar lentamente, aunque la ansiedad me comía por dentro, pero sabía que era la única forma de aprender. También algo muy importante que asimilé en ese proceso fue a no compararme, ya que el tejido es un proceso y avance muy personal y único. Además, me di cuenta que como cualquier actividad humana que requiere técnica era importante estudiar, ya sea leyendo sitios afines, escuchando/viendo podcast, tomando clases y consiguiendo bibliografía tejeril. Todo eso permitió entonces que el tejido volviese a ser un instante de relajo único y completamente mío.

Con la proliferación de las redes sociales y su creciente uso sobre todo en estos momentos pandémicos volcamos a veces más nuestras energías a mostrar/nos que a desarrollar/nos. El tejido para mi es un espacio rico en cultura y cada pieza tejida o lana tintada es mi verdadero patrimonio, les tengo especial cariño a tod@s y cada uno de ellos, a los resultados y a los errores porque al verlos recuerdo siempre hoy una grata experiencia.

Te invito a ver el tejido como tu espacio personal libre de prejuicios y exigencias, a crecer y aprender cuanto y cuando tú quieras, a construir redes sanas de apoyo entre personas con las que podrás establecer intercambio mutuo de conocimiento e ideas y a respetar y querer tu espacio tejeril, cada proyecto que hagas es único porque viene de tus propias manos, tiempos y conocimiento.

Para mi tejer hoy es seguir aprendiendo, cada vez que tomo las agujas es un desafío nuevo que me permite dar un paso más, estoy lejos de ser un experto en la materia, pero también estoy lejos de querer eso mismo. Espero que esta reflexión te haya gustado y si te sientes identificad@ puedes escribirme mediante mi casilla de correo para conocer tu propia experiencia. MisterWool.


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